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Hay una escena bastante reconocible en cualquier museo o casco histórico. Uno entra para mirar y acaba con la vista clavada en el móvil, saltando entre números, listas y paneles. Wrinkles nace justo contra esa fricción y convierte el teléfono en una guía de audio con inteligencia artificial que habla según la ubicación del usuario.
La aplicación ya está disponible en iOS y Android, y su punto de partida no es pequeño, porque reúne 1,3 millones de puntos de interés en 177 países. La idea consiste en que las historias aparezcan en el momento y en el lugar en que tienen sentido, sin obligar al usuario a perseguirlas manualmente.
Detrás del proyecto están David Stemler, ejecutivo publicitario y cofundador, junto con Ryan Hansan, fundador de ScratchDC y TasteLab y también cofundador. Ambos plantean una herramienta que no quiere limitarse al turismo clásico ni al uso esporádico de vacaciones.
Stemler explica el problema que intentaba resolver a partir de una experiencia muy concreta.
"Pasé toda la visita con la cabeza gacha, comparando números en las paredes con listas en mi teléfono en lugar de observar mi entorno mientras aprendía sobre él". - David Stemler, cofundador de Wrinkles
Wrinkles quiere que el móvil escuche el lugar en vez de interrumpirlo
Más que una colección de audios cerrados, la app añade una capa interactiva durante el recorrido. El usuario puede hacer preguntas mientras explora, guardar contenido y construir su propia ruta sin quedarse atado a un itinerario fijo.
También incorpora funciones sociales y personales. Permite seguir a otros usuarios y creadores, crear mapas personalizados y adjuntar recuerdos, fotos y vídeos a ubicaciones concretas, una mezcla entre guía, archivo personal y red de descubrimiento local.
Ahí aparece una ambición interesante. Wrinkles no solo sirve para quien aterriza en una ciudad nueva, también intenta colarse en usos cotidianos que normalmente no asociamos a una app de viajes.
Hansan resume ese planteamiento con una idea bastante directa sobre cuándo puede usarse realmente una herramienta así.
"El hilo conductor no es el viaje, es la curiosidad. Una aplicación de viajes se usa en un viaje al año. Wrinkles se usa en tu trayecto al trabajo, en el jardín botánico, en el zoo con tus hijos, dejando un legado permanente para un ser querido, y en el viaje a España". - Ryan Hansan, cofundador de Wrinkles
La gratuidad para el usuario cambia la pregunta y la traslada al negocio
Para quien la descarga, Wrinkles es gratuita. La cuestión práctica, por tanto, no pasa por pagar una suscripción de entrada, sino por entender quién financia la experiencia y qué tipo de contenidos puede empujar dentro de la plataforma.
El modelo de ingresos está en museos, oficinas de turismo, universidades y hoteles que crean recorridos y experiencias basadas en ubicación. Además, esos socios pueden añadir enlaces para reservar visitas, mesas o comprar entradas, y la aplicación se queda con un porcentaje de cada transacción.
Esa fórmula encaja con una lógica bastante clara. Si funciona, el usuario entra sin coste y las instituciones pagan por convertir una visita o un paseo en una experiencia más guiada y, de paso, más fácil de monetizar.
La promesa no está solo en viajar, también está en usar mejor el sitio donde ya estás
Stemler lo expresó con otra pregunta que ayuda a entender la propuesta de Wrinkles.
"Si el teléfono en mi bolsillo sabe exactamente dónde estoy, ¿no deberían los lugares frente a mí poder hablar?". - David Stemler, cofundador de Wrinkles
El valor real de la app se juega justo ahí, en esa tensión entre utilidad y saturación. Wrinkles quiere que el móvil deje de apartar la mirada del entorno, pero lo hace pidiendo todavía más confianza en el propio teléfono, en la ubicación constante y en una capa de servicios que también busca reservas, entradas y mesas.