Meter una IA dentro de Home Assistant suena cómodo hasta que empieza a levantar alfombras. Al conectarla con un proxy MCP local y un token de acceso de larga duración, Dhruv Bhutani evitó exponer su red a internet, pero también le dio a Claude una vista bastante íntima de la casa.
La primera fotografía del sistema ya decía mucho. Las luces del dormitorio principal marcaban un brillo del 52 %, el aire acondicionado estaba en 24,2 grados y la humedad relativa quedaba en 44 %, mientras el medidor de partículas mostraba 22.
Claude encontró una casa más desordenada de lo que parecía
No tardó en aparecer el problema menos vistoso y más común en cualquier hogar conectado que ha crecido a base de pruebas. La auditoría detectó un televisor registrado en tres entidades distintas por el solapamiento entre Android TV, HDMI CEC y Google Cast.
A eso se sumaban dos perfiles duplicados e inactivos de un televisor LG webOS arrastrados desde una migración previa del router. En el salón, además, un reproductor de streaming seguía figurando cuatro veces en la base de datos, mezclando salidas activas con componentes desconectados meses atrás.
Tampoco todo era cuestión de dispositivos repetidos. Lámparas de barra y luces de escalera ni siquiera estaban asignadas a zonas funcionales, y el ventilador del estudio aparecía como un simple interruptor cuando en realidad necesitaba una entidad de control de velocidad.
La parte útil llegó cuando la IA pasó de mirar a ordenar
Ahí es donde el experimento se vuelve más interesante para quien convive con sensores, escenas y automatizaciones a medio terminar. Los sensores del dormitorio registraban 31,4 grados mientras las unidades de climatización seguían apagadas, una contradicción bastante clara entre lo que medía la casa y cómo reaccionaba.
Después de esa revisión, Bhutani planteó nuevas rutinas para climatización e iluminación. El sistema podía apagar el aire acondicionado cuando el teléfono se alejaba, preenfriar el dormitorio treinta minutos antes de la hora de dormir y activar temporizadores de ocupación por movimiento en las luces de la escalera y la cocina.
Modificar la configuración exigió un rodeo poco elegante
Editar Home Assistant no fue tan directo como pedirle a la IA que cambiara un ajuste. Para tocar archivos YAML, ejecutó una inyección de JavaScript a través del conector MCP de Chrome y así esquivó los conflictos que provocaba el autocompletado del editor visual.
Esa solución sirve para entender tanto el potencial como la fragilidad del invento. La automatización del navegador depende de interfaces que cambian, y la ejecución de JavaScript añade una capa de riesgo que no encaja precisamente con la idea de un hogar más tranquilo.
La confianza sigue dividida cuando la IA toca la casa
También pesa la sensación de control. En una encuesta interna, el 29 % dijo que permitiría acceso total a la IA, frente a un 32 % que solo lo aceptaría con acceso de lectura y salvaguardas.
Otro 13 % la limitaría solo a tareas de resolución de problemas, mientras el 25 % rechazaría esa opción por completo. La suma dibuja un panorama en el que la mayoría no entrega las llaves sin condiciones, incluso cuando la promesa consiste en arreglar automatizaciones que llevan meses mal configuradas.
Bhutani además advierte de un riesgo menos visible que un televisor duplicado o una luz mal etiquetada. Los modelos de lenguaje pueden caer en bucles de configuración o lanzar comandos erráticos sin supervisión, y ese detalle pesa más cuando el dormitorio está a 31,4 grados y aun así nadie ha encendido el aire.