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El móvil acompaña al usuario al baño, a la cocina, al transporte público y a la cama. No sorprende entonces que un teléfono promedio acumule tanta suciedad que llegue a estar 10 veces más sucio que el asiento de un inodoro.
La comparación impresiona, pero el error habitual aparece justo después, cuando toca limpiarlo. Muchos productos domésticos parecen una solución rápida y acaban haciendo lo contrario, porque dañan la pantalla y castigan materiales que deberían durar años.
Limpiar bien el móvil exige más cuidado del que parece
Conviene empezar siempre con el teléfono apagado y sin funda. A partir de ahí, el proceso funciona mejor cuando solo usa un paño de microfibra sin pelusas ligeramente humedecido con agua con jabón o con una solución de alcohol isopropílico al 70%.
Aplicar el líquido directamente sobre el dispositivo multiplica el riesgo de que el agua se cuele por las aberturas. El puerto USB-C merece especial atención, porque cualquier exceso de humedad en esa zona puede terminar en una avería.
Tampoco tiene sentido limpiarlo mientras sigue enchufado. La mezcla de humedad y electricidad introduce un riesgo evitable en una tarea que debería durar apenas unos minutos.
Hay productos comunes en casa que castigan justo la capa que protege la pantalla
Windex, el aire comprimido, el peróxido de hidrógeno y la lejía entran en la lista de lo que conviene mantener lejos del móvil. Todos pueden eliminar el recubrimiento oleofóbico de la pantalla, esa capa que ayuda a repeler grasa y huellas en el uso diario.
También las toallitas con alcohol plantean un matiz importante. Su uso excesivo termina degradando el recubrimiento oleofóbico de la pantalla, así que la comodidad de una pasada rápida puede salir cara con el tiempo.
Algo parecido ocurre con las telas ásperas y las toallas de papel. Parecen inofensivas, pero provocan microarañazos que no siempre se ven al instante y sí acaban pasando factura cuando la luz golpea la pantalla.
La funda no pide el mismo trato si es de silicona, plástico o cuero
No todas las fundas admiten la misma rutina. Las de silicona y plástico aceptan agua con jabón o alcohol, mientras que el cuero necesita un paño húmedo con jabón suave para evitar que el alcohol agriete el material.
Ahí aparece una de las contradicciones más comunes en casa. El mismo producto que puede servir para una funda de plástico resulta mala idea en una de cuero, de modo que limpiar deprisa y con un solo bote para todo suele acabar mal.
El gesto más arriesgado sigue siendo rociar el líquido sobre el teléfono en vez de humedecer antes el paño. Si a eso se suma una limpieza con el móvil enchufado o el uso de papel de cocina, la prisa convierte una tarea básica en una fuente bastante previsible de daños.