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Meta quiere entrar en una de las categorías más delicadas de la tecnología de consumo justo cuando aún arrastra una mochila regulatoria difícil de ignorar. La compañía ha lanzado Muse en Estados Unidos, un asistente personal con inteligencia artificial que promete gestionar tareas cotidianas mientras acaba de cerrar un acuerdo multistatal de 18.000 millones de dólares por una demanda sobre daños a consumidores en redes sociales.
No hablamos de un chatbot que responde dudas sueltas. Muse entra en el correo, el calendario, los pagos, los datos de salud y ejercicio, el hogar conectado, las compras, la música y los eventos para actuar por cuenta del usuario con un grado de acceso que cambia por completo la relación con este tipo de herramientas.
Muse llega cuando Meta pide un nivel de confianza mucho mayor
Desde ahí puede enviar correos, reservar viajes, reducir facturas, rellenar formularios, crear planes, convertir vídeos de recetas en listas de la compra, mandar invitaciones y completar compras. La ambición es clara, porque ya no se limita a sugerir una acción y pasa a ejecutarla.
También cambia el terreno práctico para quien lo use a diario. Si un asistente puede tocar a la vez la agenda, la cartera y el historial de hábitos, cualquier fallo deja de ser una molestia menor y pasa a sentirse en tiempo, dinero o privacidad.
Meta sostiene que Muse se ejecuta en un ordenador seguro y dedicado con su propio navegador, una infraestructura que llama Muse Secure VM. En esa misma máquina virtual funciona Sentinel, un agente separado y aislado a nivel de sistema para que Muse no acceda a contraseñas ni métodos de pago.
El servicio quiere hacer gestiones reales y no solo responder preguntas
Muse funciona con el modelo de inteligencia artificial Muse Spark y estará disponible en la web muse.ai, en iOS, en Android y dentro de chats de WhatsApp. Meta también prepara su llegada a las gafas de inteligencia artificial de la marca, con la idea de llevar esas acciones al terreno manos libres.
Aquí aparece una diferencia importante frente a muchos asistentes actuales. Muse no solo organiza información, también puede terminar una compra o tramitar una reserva, así que la experiencia depende menos de lo bien que redacte una respuesta y más de si completa la tarea sin errores.
Para pagar, Meta usa Link by Stripe y ha adelantado integraciones con Shop Pay de Shopify y 1Password. El uso básico es gratuito y exige añadir una tarjeta de pago, mientras que los planes Power y Maximum arrancan en 20 y 100 dólares al mes.
La promesa de privacidad choca con un historial que sigue muy presente
Ahora Meta asegura que Muse no comparte conversaciones ni datos de usuario con sus sistemas de publicidad. Es una promesa central, porque el producto necesita acceso a información mucho más sensible que la de un asistente que solo resume textos o contesta preguntas generales.
Antes de eso, la empresa ya había firmado en 2011 un acuerdo con la FTC por hacer pública información privada sin aprobación de los usuarios. En 2019, la FTC impuso a Facebook una multa de 5.000 millones de dólares por ocho infracciones relacionadas con la privacidad.
Después llegó otro episodio más reciente. En 2023, la FTC acusó a Meta de violar una orden de privacidad presentada tras el acuerdo de 2019, y en agosto la compañía pactó con 29 estados, incluida una demanda en Nuevo México por daños a menores, el pago de 942 millones de dólares.
Hay una contradicción imposible de pasar por alto. Meta acaba de cerrar otro acuerdo de 942 millones de dólares con 29 estados al mismo tiempo que pide al usuario conectar correo, pagos, salud, compras y casa inteligente a un único agente personal.