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Meta ha optado por cerrar por acuerdo una de esas batallas judiciales que llevan años persiguiendo a las grandes plataformas y que ahora empiezan a entrar en una fase más incómoda. La compañía evita así un juicio por adicción a las redes sociales presentado por una joven de 18 años de Misisipi identificada como K.D.B., cuando la vista iba a arrancar el mes siguiente al 30 de octubre de 2026.
El movimiento deja a Snap como único demandado en el caso. TikTok y YouTube ya habían alcanzado acuerdos previos con la demandante, de modo que el foco del juicio pasa ahora a Snapchat y a cómo defenderá el diseño de su producto ante el jurado.
Snap afronta en solitario el juicio que Meta ha evitado
A principios de semana ya había comenzado la selección del jurado en Los Ángeles. No es un detalle menor, porque marca que el proceso había entrado en una fase avanzada y que el margen para resolver fuera de sala se estaba agotando.
Emily Jeffcott, abogada de la demandante, fijó el tono tras el acuerdo con Meta.
"Seguimos comprometidos a mejorar la seguridad de los niños en las aplicaciones de redes sociales y a hacer rendir cuentas a las empresas tecnológicas, y estamos satisfechos de haber llevado este asunto a una resolución justa en nombre de nuestro cliente." - Emily Jeffcott, abogada de la demandante
Meta no ha hecho públicos los términos del pacto y tampoco respondió a las solicitudes de comentarios. Para quien sigue este tipo de litigios, esa opacidad deja una de las preguntas habituales en el aire, cuánto cuesta realmente cerrar un caso así antes de que llegue el veredicto.
El juicio pone a Evan Spiegel ante una prueba poco habitual
Ahora la atención recae sobre Evan Spiegel, consejero delegado de Snap, cuya declaración está prevista en el juicio. Sería su primera comparecencia en un juicio por adicción a las redes sociales, un paso nada menor para una empresa que tendrá que defender no solo mensajes legales, sino decisiones de diseño.
Snap sostiene que Snapchat nació con una lógica distinta a la de las redes sociales tradicionales. La empresa insiste en que la aplicación se abre con la cámara, no con un flujo de publicaciones ni con sistemas de clasificación ligados a lo que publican otros usuarios o a métricas de comparación social.
Un portavoz de Snap fue más allá al defender que la plataforma incorporó salvaguardas, herramientas de seguridad y recursos educativos. También afirmó que la compañía cree que las pruebas mostrarán que puso a su comunidad primero y que las acusaciones describen de forma errónea la experiencia de los demandantes en Snapchat.
El precedente complica la defensa de las plataformas
Hay un dato que explica por qué estos casos ya no se miran como una amenaza remota. En un juicio anterior por reclamaciones similares, un jurado falló contra Meta y YouTube y ordenó pagar seis millones de dólares en daños y perjuicios.
Esa cifra no resuelve por sí sola el debate sobre adicción y diseño de producto, pero sí cambia el tono de la conversación en sala. Cuando ya existe un castigo económico concreto, cada nuevo caso pesa más sobre la estrategia judicial de las plataformas.
Snap llega al banquillo con otro litigio reciente a sus espaldas
Además, Snap cerró hace poco otra demanda larga relacionada con su filtro de velocidad. En ese caso, la acusación vinculaba la herramienta con varios accidentes de coche a alta velocidad protagonizados por adolescentes.
Entre el acuerdo de Meta, los pactos previos de TikTok y YouTube y ese antecedente reciente de Snap, el juicio que sigue vivo ya no gira solo alrededor de una demanda individual. Snap queda como la única empresa que tendrá que defender su diseño ante el jurado, después de que las demás prefirieran apartarse antes del veredicto.