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Muse ha llegado al número uno de la tienda de aplicaciones con una promesa tentadora para cualquier usuario de Mac. Quiere actuar como asistente dentro del ordenador, pero su ascenso coincide con una duda mucho menos cómoda para Meta, que vuelve a girar alrededor de los mensajes privados y de los permisos reales que pide una inteligencia artificial.
La discusión estalló después de que Jason Aten asegurara que Muse leyó sus mensajes aunque el Acceso total al disco estaba desactivado. Aten añadió que la propia inteligencia artificial le dijo que estaba sincronizando las notificaciones del dispositivo.
Meta lo niega de forma frontal. Andy Stone, vicepresidente de Comunicaciones de Meta, sostiene que la integración de Mensajes en Muse para Mac es opcional y que la app no puede leer ese contenido si el usuario no activa antes los permisos necesarios.
"La integración de Mensajes en la aplicación Muse para Mac es totalmente opcional. Tienes que habilitar tanto el Acceso total al disco como el conector de Mensajes para que Muse pueda leer el contenido de tus Mensajes. No puede leer tus Mensajes a menos que hagas esto." - Andy Stone, vicepresidente de Comunicaciones de Meta
Ahí está el punto delicado. Cuando una app de IA entra en el terreno de los mensajes, el usuario no solo quiere saber si la función existe, también necesita entender cuántas puertas debe abrir antes de darle acceso a conversaciones personales.
Meta asegura que macOS obliga a pasar por tres permisos distintos
David Singleton, ejecutivo de Meta Superintelligence Labs, detalló que Muse necesita tres pasos separados de permisos a nivel de aplicación, además de las protecciones integradas del propio macOS.
Primero hay que escoger de forma explícita el Acceso total al disco. Luego toca seleccionar el nivel de acceso a la aplicación Mensajes y, por último, confirmar manualmente la acción dentro de Ajustes de macOS, un proceso que además fuerza un reinicio completo de la aplicación Muse tras la confirmación manual.
Singleton añadió otro matiz que Meta considera clave. Esos permisos, sostiene, no pueden saltarse aunque la aplicación tuviera un error, de modo que también rechazó la explicación ofrecida por el asistente cuando habló de una supuesta sincronización de notificaciones.
Según esa versión, quien se confundió fue la propia IA. Singleton disputó el relato de Aten e indicó que el sistema generó una explicación incorrecta sobre lo que había ocurrido, algo que no despeja del todo la inquietud práctica de fondo, porque el usuario termina discutiendo no solo con la empresa, también con lo que responde la herramienta.
El contexto pesa porque Meta llega con antecedentes muy recientes
Hace pocos días, un jurado de Nuevo México concluyó que Meta engañó a los usuarios sobre sus prácticas de datos en un caso derivado del escándalo de Cambridge Analytica de 2018.
Esa coincidencia temporal agranda cualquier sospecha sobre privacidad. No hace falta que un fallo esté demostrado para que el debate escale, sobre todo cuando la empresa discute con un periodista sobre si una app pudo o no entrar en mensajes privados.
Muse también afronta dudas fuera de la privacidad estricta
Matt Robb relató otro incidente con un coste mucho más físico que técnico. Afirmó que Muse gestionó mal una tarea de venta en Facebook Marketplace, compartió su dirección y provocó que un comprador apareciera en su casa mientras él no estaba.
Singleton está investigando ese caso. El problema ya no gira solo sobre leer mensajes, también sobre cómo una IA ejecuta acciones sensibles con datos personales, especialmente cuando una dirección termina en manos de un desconocido por una gestión fallida.
Con Muse en el primer puesto de la tienda, Meta defiende un sistema de permisos que exige tres decisiones explícitas y un reinicio completo de la app. Al mismo tiempo, las dudas más serias no nacen del marketing de la herramienta, sino de dos escenas muy concretas para cualquier usuario, una conversación privada y una dirección de casa.