Añadir The App Date como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Salir de Google no siempre significa borrarlo todo. A veces consiste en recortar piezas concretas del día a día, asumir algún coste nuevo y convivir con varios servicios a la vez, justo como le ocurrió a Edgar Cervantes cuando explicó el 3 de septiembre de 2026 cómo había rehecho parte de su vida digital.
La fotografía general ya deja una pista interesante. En una encuesta de 188 votos, el 50% dejó de usar algunos servicios de Google, mientras el 27% dijo que lo había considerado, el 19% prefería seguir como está y el 5% aseguró que abandonó todos los productos.
Cambiar el buscador obliga a pagar, pero también devuelve control
Uno de los movimientos más visibles estuvo en las búsquedas. Cervantes reemplazó Google por Kagi, un servicio de pago que sitúa la privacidad y la personalización en el centro de la experiencia.
Kagi cuesta 10 dólares al mes en su plan profesional ilimitado y 5 dólares en una modalidad de hasta 300 búsquedas mensuales. No es un detalle menor, porque aquí la alternativa no pide aprender una interfaz rara, sino aceptar que buscar en internet puede dejar de ser gratis.
Además, Kagi combina índices de Google, Bing y uno propio. Esa mezcla le permite ofrecer resultados familiares, pero con una capa de control extra para ponderar sitios web o bloquearlos por completo cuando el usuario ya sabe de qué páginas no quiere volver a recibir respuestas.
El correo y las contraseñas cambiaron más rápido de lo que parece
Más llamativo que el buscador fue el salto de varios servicios básicos a Proton. Cervantes trasladó allí el correo electrónico, el calendario, el almacenamiento en la nube y también las contraseñas que guardaba en Chrome.
En ese último paso, la exportación e importación de contraseñas tardó cinco minutos. Es una cifra concreta, pero también una idea práctica para cualquiera que lleva años posponiendo el cambio por miedo a una mudanza eterna.
Proton añade otra utilidad que toca una molestia habitual del uso diario. Sus alias de correo de un solo uso redirigen los mensajes a la bandeja de entrada principal, una fórmula útil para registros puntuales, compras aisladas o servicios que uno no quiere mezclar con su dirección real.
Firefox entró en escena mientras Google siguió viviendo en casa
No todo pasó por sustituir cuentas y pagos. Cervantes también dejó Chrome y pasó a usar Firefox tanto en macOS como en el móvil, otro cambio pequeño en apariencia que afecta a la navegación diaria mucho más que un ajuste escondido en el menú de privacidad.
Aun así, el corte dista mucho de ser total. Sigue con un teléfono Pixel, un termostato Nest, altavoces inteligentes de Google con los micrófonos apagados, YouTube, Google Maps y Google Photos.
Ahí aparece la contradicción más realista de toda la transición. Google Photos sigue integrado con su Nest Hub y con su marco Aura, de modo que abandonar un servicio no depende solo de querer hacerlo, sino también de todo lo que ya funciona alrededor.
Por eso su salida del ecosistema quedó a medias por decisión y por comodidad. Entre pagar 10 dólares al mes por Kagi, mover contraseñas en cinco minutos y mantener un Pixel junto a un Nest Hub, la frontera no la marca una ruptura total, sino esa mezcla de dependencia práctica y control selectivo que reflejan también los 188 votos de la encuesta.