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Character.AI llegó a mover más de dos horas diarias por usuario activo y a sumar 20 millones de usuarios mensuales. Ahora afronta una bancarrota bajo el Capítulo 11, con activos y pasivos situados entre 50 y 100 millones de dólares, un contraste duro para una de las apps conversacionales que mejor supo enganchar al público.
La clave no está solo en la caída financiera. También pesa una secuencia de giros corporativos, cambios de rumbo y problemas legales que acabaron empujando a la compañía a buscar una salida en los tribunales mientras intenta vender parte de lo que todavía conserva.
Disney entra mientras Character.AI busca una salida que aún no existe
Ya hay un acuerdo para vender algunos activos a Disney por 20 millones de dólares, junto con una licencia perpetua y no exclusiva de su tecnología. Disney también prestará servicios de transición con antiguos empleados de Character.AI que se incorporaron el mes pasado a la empresa de entretenimiento junto a Karandeep Singh Anand, su ex consejero delegado.
Ahí aparece la primera tensión del caso. Colin Adams, consejero delegado de Character.AI, ha dicho que todavía no existe una oferta por los activos de la empresa ni un comprador, pese a que la operación parcial con Disney ya está pactada.
Adams explica cómo interpreta la dirección este movimiento.
"Durante el último año, Character.ai ha tomado medidas significativas para sostener y mejorar su negocio frente a importantes obstáculos legales, regulatorios y operativos. Tras una revisión exhaustiva de las alternativas disponibles, la junta directiva determinó que este proceso de venta supervisado por el tribunal proporciona a la empresa la mejor oportunidad para maximizar el valor para todas las partes interesadas". - Colin Adams, consejero delegado de Character.AI
La empresa seguirá operando durante el proceso de venta y espera cerrarlo a finales de noviembre o principios de diciembre. Para quien usa la plataforma, eso significa que el servicio no desaparece hoy, aunque su continuidad depende de algo más que una promesa de transición.
Su crecimiento fue tan rápido como el cambio de manos
Character.AI nació a finales de 2021 de la mano de Noam Shazeer y Daniel De Freitas, dos exingenieros de Google. El primero figura además como coautor del artículo sobre Transformer, una referencia técnica que ayudó a colocar a la startup en el mapa desde muy pronto.
En septiembre de 2022 alcanzó valoración de unicornio con una ronda de 150 millones de dólares. Para entonces, la plataforma ya había registrado más de 2.000 millones de mensajes en cinco meses y superaba las dos horas diarias de uso por usuario activo.
Después llegaron las apps móviles y el despegue fue inmediato. En mayo de 2023, Character.AI superó 1,7 millones de instalaciones en su primera semana, una cifra que pocas aplicaciones de IA de consumo consiguen sin arrastrar detrás una gran plataforma previa.
Más tarde entró Google con un acuerdo de 2.700 millones de dólares firmado en agosto de 2024 para licenciar los modelos de la empresa. A la vez, Shazeer y De Freitas regresaron a Google, un movimiento que dejó claro que la tecnología seguía valiendo mucho incluso cuando el negocio empezaba a volverse más frágil.
El negocio cambió de rumbo cuando crecieron los problemas
Tras ese acuerdo, Dominic Perella, consejero general de la compañía, asumió como consejero delegado interino. El negocio dejó en segundo plano el entrenamiento de modelos base y giró hacia el crecimiento, una señal de que la prioridad ya no era tanto empujar la frontera técnica como encontrar tracción comercial.
En junio del año pasado, Karandeep Singh Anand, exejecutivo de Brex y Meta, tomó las riendas como consejero delegado. Bajo esa etapa, la empresa amplió productos hacia generación de vídeo con inteligencia artificial y funciones de red social, una expansión que intentaba convertir la app en algo más pegajoso y menos dependiente del chat puro.
Aun así, en octubre de 2024 la plataforma todavía mantenía 20 millones de usuarios activos mensuales. El problema es que una base grande de usuarios no siempre basta cuando coinciden costes altos, presión legal y una estructura empresarial que cambia demasiado deprisa.
Las demandas y la presión regulatoria complicaron la supervivencia
El golpe más delicado llegó fuera del producto. Character.AI fue demandada tras el suicidio de un chico de 14 años en Florida, cuya madre sostiene que el menor se obsesionó con un bot conversacional de la plataforma.
Texas abrió además una investigación para examinar si el servicio cumplía las leyes de privacidad y seguridad infantil. La compañía acabó alcanzando acuerdos en algunas de estas demandas, añadió más funciones de seguridad y prohibió el acceso a menores.
Adams también dejó por escrito el escenario más incómodo, que ya no tiene que ver con crecer más ni con lanzar nuevas funciones, sino con seguir abierto.
"Esperamos que el proceso de venta dé como resultado una propuesta viable que permita la continuidad de las operaciones de la plataforma Character.ai. Si tal oferta no estuviera disponible, sin embargo, la plataforma se cerrará". - Colin Adams, consejero delegado de Character.AI
La cifra que mejor resume el choque es esta. Character.AI ha recaudado más de 193 millones de dólares de inversores como Lightspeed, SV Angel, Greycroft y a16z, pero su salida inmediata pasa por una venta parcial de 20 millones y por una advertencia explícita de cierre si no aparece una propuesta viable.