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Apple ya deja probar al público la beta de iOS 27 y, con ella, una de las piezas que más presión acumulaba en la compañía durante el último año. Siri estrena una versión apoyada en inteligencia artificial y entra por fin en la misma conversación que ChatGPT, Gemini y Claude.
La novedad no llega escondida en un menú secundario. Apple la presentó de forma oficial en junio durante su Conferencia Mundial de Desarrolladores y ahora la abre a cualquier usuario dispuesto a convivir con una beta.
Por fin Siri sale del modo básico y entra en el terreno que ya ocupaban sus rivales
Hasta ahora, Siri servía sobre todo para órdenes simples, temporizadores o consultas rápidas. Esta nueva versión amplía mucho ese margen porque puede acceder a correos electrónicos, fotos y mensajes, entender lo que aparece en pantalla y responder también con conocimiento general.
Ahí está el cambio práctico para el usuario. El asistente deja de ser solo una capa de comandos y pasa a trabajar con el contexto real del dispositivo, algo que en el día a día puede ahorrar varios pasos cuando toca buscar una foto concreta, rescatar un dato de un mensaje o convertir un texto en una cita del calendario.
En las pruebas de la beta para desarrolladores, el asistente mejoró en tareas básicas como buscar fotos y resumir mensajes de grupo. También logró añadir citas al calendario desde un texto y consultar información nutricional usando la cámara.
Apple no lo limita al iPhone y lo reparte por casi toda su gama
No se queda en un solo aparato. La versión actualizada de Siri está disponible en iPad, Mac, Apple Watch, CarPlay, AirPods, Apple TV y Vision Pro.
Esa extensión importa porque Apple tiene unos 2.500 millones de dispositivos activos en todo el mundo. Si la experiencia funciona con cierta coherencia entre pantallas, la compañía no lanza una función aislada, sino una nueva puerta de entrada a buena parte de sus equipos.
También cambia la forma de invocarlo. El usuario puede activarlo con “Hey Siri”, con el botón lateral o con un gesto desde la Dynamic Island, mientras Spotlight lo integra como parte de la búsqueda del iPhone.
Además, por primera vez Siri cuenta con su propia aplicación independiente. Ese detalle parece menor, pero le da una presencia distinta dentro del sistema y lo saca del papel de función casi invisible que había tenido durante años.
La apuesta técnica mezcla ejecución local y nube privada para tocar datos sensibles
Detrás del nuevo Siri aparece Apple Intelligence, la familia de modelos fundamentales de Apple que funciona tanto en el dispositivo como en Private Cloud Compute. La fórmula busca algo difícil de equilibrar en este momento de la IA de consumo, que el asistente resulte útil sin convertir cada petición en una cesión total de datos personales.
Apple sostiene que Private Cloud Compute evita que los datos personales queden almacenados o accesibles para la propia empresa. Esa promesa pesa especialmente cuando el asistente puede leer correos, fotos y mensajes para responder con contexto.
Hay otro detalle llamativo en la trastienda técnica. Apple desarrolló estos modelos en colaboración con Google y con Gemini, a partir de un proceso de destilación para crear versiones más pequeñas y eficientes adaptadas al silicio de Apple y entrenadas con datos propietarios.
La prueba real no está en la demo sino en cuántos pasos le ahorra al usuario
Cuando una IA entra en el móvil, el listón no lo marcan solo las respuestas brillantes, sino la frecuencia con la que evita abrir tres apps para completar una tarea sencilla. Siri apunta justo a ese terreno con funciones como leer la pantalla, extraer una cita de un texto o usar la cámara para resolver una duda concreta.
Queda una tensión evidente. Cuanto más útil quiere ser un asistente, más cerca necesita estar de la información privada del usuario, y Apple intenta resolver esa incomodidad con procesamiento en el dispositivo y nube privada.
En septiembre llegará la versión pública de iOS 27, pero la beta ya deja ver dónde está la apuesta real. Siri no solo cambia de voz o de aspecto, cambia de ambición, y lo hace sobre una base de 2.500 millones de dispositivos activos donde cualquier acierto, o cualquier fallo, deja de ser pequeño.