Apostó 18,5 millones, perdió su casa y FanDuel le envió un vídeo VIP de Bryce Harper

Una demanda acusa a FanDuel de usar gestores y beneficios VIP para mantener enganchado a un gran apostador que acumuló 18,5 millones en apuestas, perdió su vivienda y acabó en tratamiento psiquiátrico.

10 de julio de 2026 a las 20:17h
Apostó 18,5 millones, perdió su casa y FanDuel le envió un vídeo VIP de Bryce Harper
Apostó 18,5 millones, perdió su casa y FanDuel le envió un vídeo VIP de Bryce Harper

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Las casas de apuestas llevan años vendiendo comodidad en el móvil, promociones continuas y una capa de entretenimiento pegada al deporte en directo. Ahora FanDuel aparece en una demanda que plantea algo más incómodo para la industria, si los llamados beneficios para clientes de alto volumen sirvieron para empujar una adicción ya desatada.

Uno de los casos que describe la denuncia pone cifras difíciles de ignorar. Terry Thompson apostó 18,5 millones de dólares en FanDuel desde 2020, pidió una segunda y una tercera hipoteca sobre su vivienda, perdió la casa por ejecución hipotecaria y terminó en tratamiento psiquiátrico por adicción al juego.

FanDuel convirtió la atención al gran apostador en una relación personal

La demanda sostiene que FanDuel asigna gestores a los usuarios de mayor volumen para construir relaciones personales. En una app de consumo, esa figura puede sonar a atención premium, pero aquí el detalle importa porque el servicio no gira en torno a resolver fallos o explicar funciones, sino a mantener el vínculo con quien más dinero mueve.

Ahí entra Bryce Harper, jugador de los Philadelphia Phillies y dos veces jugador más valioso de la MLB, con un vídeo personalizado dirigido a Thompson.

"Tu gestor de FanDuel quería asegurarse de que tuvieras un Día de Acción de Gracias extra especial" - Bryce Harper, jugador de los Philadelphia Phillies y dos veces jugador más valioso de la MLB

El vídeo dura 21 segundos y no incluye una invitación directa a apostar. Aun así, el mensaje aparece dentro de un contexto mucho más delicado, el de un cliente que ya había acumulado pérdidas extremas y una relación personal cultivada desde la propia plataforma.

El deporte firmó acuerdos con las apuestas mientras mantiene vetos a sus jugadores

Resulta difícil pasar por alto la contradicción. La MLB colabora con casas de apuestas y con mercados de predicción como Polymarket, mientras las aplicaciones de juego compran presencia en estadios y retransmisiones.

Al mismo tiempo, los jugadores de la MLB tienen prohibido apostar. El contraste se volvió más áspero el año pasado, cuando los lanzadores Emmanuel Clase y Luis Ortiz fueron acusados a nivel federal por aceptar supuestos sobornos para arreglar lanzamientos.

La misma liga que veta las apuestas a sus jugadores convive con anuncios y alianzas comerciales del sector. Para el aficionado, esa mezcla normaliza la apuesta como una extensión más del partido aunque las consecuencias legales y personales no se repartan por igual.

Un vídeo de 21 segundos acabó pesando más de lo que parece

En otro producto digital, un saludo de una estrella sería un gesto promocional sin mayor recorrido. En este caso, el problema no está solo en Harper ni en una frase de cortesía, sino en el uso de ese acceso para reforzar la relación con un usuario que, según la demanda, ya estaba atrapado en una espiral de deuda y tratamiento.

También pesa el perfil del destinatario. Thompson apostó 18,5 millones de dólares desde 2020 y perdió su vivienda tras pedir una segunda y una tercera hipoteca, una secuencia que convierte cualquier incentivo personalizado en algo mucho menos inocente.

La fricción para el usuario común suele estar en el registro, los límites de pago o la verificación de identidad. Aquí la fricción parece desaparecer justo para quien más arriesga, porque la app no solo permite seguir apostando, también añade trato personal y recompensas alrededor de esa conducta.

El dato más duro no es el vídeo de Bryce Harper, sino que llegó después de 18,5 millones de dólares apostados, una ejecución hipotecaria y tratamiento psiquiátrico. Con esos antecedentes, la idea de cliente VIP deja de sonar a ventaja y empieza a parecer otra cosa.

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