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Durante meses, los dispositivos de inteligencia artificial para el día a día han prometido una nueva forma de relacionarse con la tecnología, pero muchos han dejado una sensación de ensayo a medio hacer. En ese hueco quiere entrar Aina, una startup con base en Bengaluru y San Francisco que acaba de captar 5,5 millones de dólares para probar que, a veces, tres teclas bien pensadas dicen más que otro gadget con grandes ambiciones.
La empresa, antes conocida como Project Mirage, arranca con el respaldo de Redstart Labs, de Info Edge India, y 360 ONE. En la ronda también entraron MIXI Global Investments, Antler y Blume Founders Fund, junto a perfiles como Kunal Shah, responsable de WhatsApp, Harshil Mathur y Shashank Kumar, cofundadores de Razorpay, y Tikhon Bernstam, fundador de Scribd.
Al frente está Apoorv Shankar, fundador de Aina y ex vicepresidente de Hardware en Ultrahuman, donde aterrizó después de que la compañía adquiriera LazyCo, su anterior startup de diseño de interfaces de hardware.
Ahí está una de las claves del proyecto. Aina no intenta vender una inteligencia artificial abstracta, sino objetos físicos que convierten acciones repetidas en gestos inmediatos mientras el usuario trabaja, habla por videollamada o usa el móvil.
Aina arrancó con Dune porque tres teclas resolvieron mejor el problema
El primer producto de la empresa es Dune, un teclado macro contextual de tres teclas pensado para controlar el micrófono y la cámara en reuniones, además de lanzar atajos o scripts según la aplicación que el usuario tenga abierta.
Su planteamiento resulta bastante directo para un mercado que todavía busca forma. Dune ajusta su función según la app visible en pantalla, algo que apunta a una idea práctica de interfaz en lugar de exigir que el usuario aprenda un aparato nuevo desde cero.
No fue una elección casual. Dune resultó el dispositivo más popular en las pruebas iniciales y por eso Aina decidió llevarlo primero al mercado.
"Dejé Ultrahuman el año pasado porque estaba súper curioso sobre el espacio de las interfaces de inteligencia artificial. Dispositivos como Rabbit y Humane Pin se habían lanzado, y tuve mis propias decepciones con ellos. Sin embargo, estaba emocionado de que estemos viendo que las interfaces sean ahora una realidad. Y como ingeniero convertido en diseñador de productos, esto es lo más apasionante que podía imaginarme construyendo". Apoorv Shankar, fundador de Aina
Esa referencia a Rabbit y Humane Pin sitúa bien el momento. La discusión ya no gira solo en torno a si hace falta otro dispositivo con IA, sino a si ese hardware consigue ahorrar pasos reales en tareas cotidianas o termina añadiendo fricción.
La empresa probó más de una forma de meter la IA en la mesa y en el bolsillo
Dune no llegó solo. Aina desarrolló también Radiance, un mando de sobremesa para videollamadas, y Shift, un botón de una sola pulsación que activa un agente de inteligencia artificial y se conecta al teléfono.
Visto en conjunto, el catálogo inicial dibuja una estrategia bastante concreta. La empresa ya construyó tres formatos distintos para una misma idea, desde el accesorio de escritorio hasta el botón físico que sirve de acceso rápido al móvil.
Mientras otros proyectos intentan reemplazar al teléfono, Aina parte de la idea contraria y lo usa como pieza central. Esa decisión importa porque reduce una barrera habitual en esta categoría, donde muchos productos fallan cuando piden cambiar hábitos demasiado asentados.
"Creo que tienes suficiente contexto, tienes en tu teléfono y tu portátil todo el tiempo, y ni siquiera hemos empezado a usarlo bien. Estamos construyendo un dispositivo orientado a la acción que utilizará el contexto para ayudarte a controlar y activar flujos de trabajo". Apoorv Shankar, fundador de Aina
La frase condensa el argumento comercial y también la apuesta de uso. Si el contexto ya vive en el portátil y el teléfono, el valor no estaría en crear otra pantalla ni otro asistente parlante, sino en ofrecer una forma más rápida de disparar acciones cuando hace falta.
Otros gigantes también empujan esta idea, pero no todos parten del mismo sitio
Esta semana, OpenAI lanzó un teclado personalizado para Codex fabricado junto a Work Louper. Qualcomm, por su parte, experimenta con más de 40 dispositivos pensados para interactuar con la inteligencia artificial.
Ese movimiento deja una lectura sencilla para cualquier comprador de tecnología. La carrera ya no pasa solo por modelos y apps, también por botones, teclas y mandos físicos que intentan convertir la IA en algo menos teatral y más inmediato.
Aina probará un nuevo dispositivo con un pequeño grupo de usuarios seleccionados en las próximas semanas. De momento, la señal más concreta no está en una promesa amplia sobre el futuro, sino en algo bastante más terrenal, que Dune fue el aparato que mejor funcionó en las pruebas iniciales y que todo empezó con solo tres teclas.