Una espada virtual de 50.000 yuanes acabó dividida entre viuda y copropietaria en China

Un tribunal chino resolvió en 2009 que una espada de La Leyenda de Mir 2 tenía valor económico real y repartió su propiedad: 50% como herencia para la viuda y 50% como copropiedad para la jugadora que la consiguió con el fallecido.

05 de septiembre de 2026 a las 17:26h
Una espada virtual de 50.000 yuanes acabó dividida entre viuda y copropietaria en China
Una espada virtual de 50.000 yuanes acabó dividida entre viuda y copropietaria en China

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Mucho antes de que las compras dentro del juego y los objetos digitales entraran en el debate cotidiano, un tribunal chino ya había tenido que responder a una pregunta incómoda. Qué ocurre cuando un bien virtual vale dinero real y dos vínculos distintos, uno legal y otro dentro del juego, reclaman la misma herencia.

El caso quedó registrado en 2009 por el bufete AllBright y giraba en torno a La Leyenda de Mir 2, un videojuego lanzado en 2001. En el centro de la disputa estaba la Espada Matadragones, un objeto que dos jugadores habían conseguido juntos y que ya tenía un precio claro fuera de la pantalla.

Un objeto virtual acabó valiendo lo bastante como para llegar a los tribunales

Lu y la jugadora Yang obtuvieron esa espada dentro del juego. Después, un tercer jugador ofreció 50.000 yuanes por ella, unos 5.300 euros de la época, y la propuesta fue rechazada.

Aquí está la clave práctica del caso, porque la oferta de 50.000 yuanes acreditó que el objeto tenía un valor económico real. No era solo un trofeo digital ni una rareza para presumir en partida, sino un bien que alguien estaba dispuesto a comprar con dinero.

Todo cambió en diciembre de 2009, cuando Lu falleció en un accidente de tráfico. A partir de ahí, la disputa dejó de ser una cuestión de juego y pasó a convertirse en un conflicto de herencia y propiedad.

La viuda y la esposa virtual reclamaron el mismo bien por motivos distintos

Li, la esposa real de Lu, reclamó la espada como parte de la herencia. Yang también la reclamó, aunque lo hizo desde otra posición, porque mantenía con Lu un matrimonio virtual dentro del propio juego.

La tensión del caso no estaba solo en quién debía quedarse el objeto. También obligaba a separar dos planos que en pantalla podían parecer similares, pero fuera del juego no recibían el mismo trato jurídico.

Primero, el tribunal cerró una de las vías de discusión con una decisión nítida. El matrimonio virtual no tuvo validez jurídica ni otorgó derechos hereditarios, de modo que Yang no podía heredar la parte de Lu por esa relación digital.

El tribunal negó efectos al matrimonio virtual, pero reconoció el trabajo conjunto

Eso no dejó a Yang fuera del reparto. La justicia determinó que la espada tenía valor económico demostrable y que Lu y Yang la habían obtenido con esfuerzo conjunto dentro del juego.

Ahí aparece uno de los aspectos más llamativos del fallo, porque el tribunal no trató el objeto como una fantasía sin dueño claro. Lo abordó como un bien con valor y con una forma de generación compartida entre ambos jugadores.

Por ese motivo, Yang recibió el 50 % del valor del objeto en concepto de copropiedad. Li obtuvo el 50 % restante como herencia legal tras la muerte de Lu.

Visto desde hoy, el reparto resulta menos extraño de lo que parece al leer el titular. El tribunal rechazó que una boda dentro del juego produjera efectos sucesorios, pero aceptó que un objeto virtual vendido de hecho por 50.000 yuanes podía partirse entre copropiedad y herencia.

La espada quedó dividida en dos mitades con fundamentos distintos, una por herencia legal para Li y otra por copropiedad para Yang. Ese cruce entre dinero real, trabajo dentro del juego y vínculos personales explica por qué un objeto de La Leyenda de Mir 2 terminó convertido en un caso judicial en 2009.

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