Un tribunal de Beijing permite heredar y vender 87 cuentas de videojuegos de un usuario fallecido

La justicia china reconoció como herencia el valor patrimonial de 87 cuentas de juego, ordenó cambiar su titularidad y dejó firme un fallo que limita la barrera contractual de las plataformas.

06 de agosto de 2026 a las 14:23h
Un tribunal de Beijing permite heredar y vender 87 cuentas de videojuegos de un usuario fallecido
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Un tribunal de Beijing acaba de poner precio legal a algo que millones de jugadores tratan como propio desde hace años. El 3 de agosto, el Tribunal Popular del distrito de Shijingshan resolvió que una familia puede heredar 87 cuentas de videojuegos de su hijo fallecido y cambiar su titularidad para venderlas.

La madre llevó el caso a los tribunales con un objetivo directo, obtener ingresos mediante la venta de esas cuentas. Ahí estaba el choque de fondo, porque para la compañía propietaria el usuario no era dueño de la cuenta ni de sus objetos virtuales, sino un mero titular de usufructo.

El tribunal convirtió el derecho de uso en un bien hereditario

La empresa defendió además que esas cuentas tenían atributos personales y que, por tanto, no podían entrar en una herencia. Ese argumento es habitual en los servicios digitales, donde el acceso depende de contratos de uso mucho más que de una idea clásica de propiedad.

Frente a esa lectura, el tribunal concluyó que las cuentas constituyen propiedad virtual en línea y que el usuario tiene sobre ellas derecho de uso y disfrute. En la práctica, el juez entendió que ese derecho tiene un contenido patrimonial y sí puede heredarse.

La clave no estuvo en tratar la cuenta como un recuerdo digital o un perfil personal, sino como un activo de producción y operación. Ese matiz cambia bastante el encuadre jurídico, porque aparta el caso de la restricción que impide heredar bienes que por su propia naturaleza no pueden transmitirse.

La compañía perdió una barrera habitual de las plataformas

Con esa interpretación, el juez ordenó a la empresa cooperar en el cambio de información y en la identificación con nombre real de las 87 cuentas. No se quedó en una declaración abstracta sobre derechos digitales, sino que obligó a ejecutar el traspaso.

También pesa otro detalle que le da más recorrido al caso. La sentencia quedó firme porque ninguna de las partes presentó recurso de apelación, así que el fallo ya no depende de una revisión posterior.

El respaldo legal aparece en el artículo 127 del Código Civil, que prevé la protección de datos y bienes virtuales en línea cuando la ley así lo disponga. Sobre esa base, el tribunal fijó que el centro del conflicto no era la identidad del jugador, sino el valor económico asociado al uso de las cuentas.

El fallo abre un frente muy concreto sobre el dinero que guardan las cuentas

No hablamos de una sola partida guardada ni de un perfil con valor sentimental. Hablamos de 87 cuentas, una cifra que deja ver por qué la familia quiso heredarlas y por qué la empresa trató de cerrar esa puerta con el acuerdo de usuario.

Ahí está el elemento más interesante para cualquier usuario de servicios digitales. Por primera vez se establece en la Ley Civil Fundamental la consideración de propiedad virtual, y eso coloca las cuentas de juego en una categoría mucho menos difusa de lo que suelen admitir las plataformas.

La tensión sigue siendo evidente y muy terrenal. La compañía sostenía que todo era suyo y que el jugador solo disfrutaba del acceso, pero el tribunal aceptó que ese disfrute tenía valor patrimonial bastante para transmitirse a los herederos, cambiar el nombre real de las cuentas y convertir 87 perfiles de juego en una herencia reconocida.

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