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La conversación sobre el videojuego ya no gira solo en torno a qué sale este otoño o qué saga vuelve. Ahora pasa por una pregunta bastante más incómoda para cualquiera que siga la industria de cerca. ¿Quién paga la factura de una ronda de despidos que no deja de repetirse mientras las grandes compañías siguen reordenando estudios, marcas y prioridades?
Sony ha sumado dos golpes en muy poco espacio con los despidos en Bungie y el anuncio del fin de la producción de discos en 2028. Microsoft tampoco ha rebajado la tensión con 3.200 despidos y la salida de cinco estudios de su estructura.
Los recortes ya afectan tanto a estudios como a sagas enteras
Electronic Arts ha dejado Need for Speed y Burnout sin recorrido propio al dedicar Criterion a Battlefield 6. Ubisoft, por su parte, arrastra cerca de 4.000 despidos desde 2022, incluidos los trabajadores de Barcelona durante el lanzamiento de Black Flag Resynced.
No hablamos solo de plantillas más pequeñas. Hablamos de series conocidas que pierden equipo, identidad y tiempo, mientras parte del talento sale del sistema justo cuando más experiencia acumulada haría falta para sostener producciones cada vez más caras.
Andrew Willis, productor en id Software, ha planteado una salida que apunta directamente a la propiedad de los estudios y al margen de maniobra de quienes hacen los juegos.
"La única forma de arreglar la industria del videojuego en este momento es que los estudios propiedad de desarrolladores empiecen a salir adelante de estos cierres y despidos". - Andrew Willis, productor en id Software
La idea tiene lógica sobre el papel porque desplaza el control lejos de los grandes grupos. El problema aparece cuando esa receta aterriza en una industria donde levantar un estudio, financiar años de desarrollo y sobrevivir a un tropiezo comercial está fuera del alcance de casi cualquiera.
La respuesta desde dentro choca con el coste real de independizarse
Dave Gallacher, jefe de control de calidad de Arrowhead, estudio de Helldivers 2, contestó a Willis con una objeción que va al centro del problema.
"La autofinanciación es un lujo que pocos pueden permitirse". - Dave Gallacher, jefe de control de calidad de Arrowhead
Gallacher no dejó ahí su crítica. También cargó contra la estructura de poder que sostiene la industria y contra el modo en que algunos directivos han gestionado años de recortes, compras y reestructuraciones.
"Se mire como se mire, cada punto estructural de nuestra industria está controlado por el dinero, y quienes lo tienen han sido unos imbéciles codiciosos durante los últimos diez años o más, recurriendo al paracaídas de oro en cuanto las cosas se ponían difíciles. Me resulta completamente inexplicable que los directivos de Ubisoft y Embracer no estén en prisión por sus turbias tácticas, siendo las verdaderas víctimas esos miles de desarrolladores talentosos de quienes esperamos que saquen dinero de la nada para fundar sus estudios". - Dave Gallacher, jefe de control de calidad de Arrowhead
Su mensaje retrata una contradicción difícil de esquivar. A los equipos afectados se les pide resiliencia, iniciativa y hasta espíritu emprendedor, pero al mismo tiempo pierden salario, estabilidad y acceso a la financiación que necesitarían para montar algo propio.
Xbox concentra una de las críticas más duras por el giro hacia la IA
Gallacher también señaló a Asha Sharma por defender la ambición de entretener a más de mil millones de personas al día y, al mismo tiempo, ejecutar despidos masivos, recortar estudios e invertir millones en inteligencia artificial. Ahí aparece otra grieta que no es solo laboral, también estratégica.
Cuando una empresa recorta empleo y redirige recursos hacia la IA, el debate deja de ser abstracto para cualquiera que hace juegos, prueba builds o coordina lanzamientos. Microsoft ha despedido a 3.200 personas y ha prescindido de cinco estudios, así que la discusión sobre prioridades ya tiene números concretos.
Más tarde, Gallacher resumió esa sensación de deterioro continuado con una declaración todavía más cruda sobre los últimos años en el sector.
"Durante los últimos 3 años, he usado la frase 'este año va a ser una masacre', relacionada con la industria del videojuego. Y de alguna manera cada año va a peor. Es devastador ver cómo un número tan extraordinario de desarrolladores de Xbox se ha desplomado en picado, ¿y a dónde va ese dinero? Un CEO delirante hablando de alcanzar 'miles de millones de jugadores' mientras vierte los salarios recién robados de los desarrolladores talentosos en la máquina de plagio (IA). La mierda más oscura de esta línea temporal". - Dave Gallacher, jefe de control de calidad de Arrowhead
Hay una forma muy concreta de medir la gravedad del momento. Mientras Sony pone fecha al final de la producción de discos en 2028, Ubisoft acumula cerca de 4.000 despidos desde 2022 y Microsoft elimina 3.200 puestos junto a cinco estudios. La industria habla de escala, pero el recuento real sigue saliendo de las nóminas que desaparecen.