Marina Rivers ha reabierto el debate sobre lo que supone participar en La Velada del Año al relatar el coste económico, físico y mental que arrastró tras su combate en 2023.
La creadora ha publicado en YouTube un vídeo titulado «Todo lo que no dije de La Velada del Año III», donde repasa su experiencia en el evento organizado por Ibai Llanos. Su testimonio llega además cuando la próxima edición ya tiene fecha: La Velada del Año VI se celebrará el 25 de julio en el Estadio La Cartuja de Sevilla, con 10 combates y un enfrentamiento principal entre IlloJuan y TheGrefg.
Una participación aceptada con prisas y bajo presión
Marina Rivers explica que su entrada en la tercera edición se produjo con un margen mínimo. Ella misma resumió así cómo aceptó el reto: «Yo que me apunto a un bombardeo dije que sí». Después añadió un dato que cambia bastante la lectura de aquel combate: se enteró apenas dos días antes de su participación, mientras que, según su versión, su rival Samy Rivers llevaba mucho más tiempo propuesta y entrenando.
Ese desequilibrio tuvo efectos claros en la preparación. La suya estuvo guiada por la boxeadora Joana Pastrana, pero el proceso no fue precisamente llevadero. Marina Rivers relata que el entrenamiento le pasó factura a nivel corporal y mental. Dice que nunca se vio peor físicamente durante aquella etapa y que afrontó todo el proceso con la sensación de tener que demostrar que merecía estar allí, como si ocupase un sitio prestado. Es una idea importante, porque ayuda a entender que no habla solo de un combate puntual, sino de una exposición pública vivida desde la inseguridad y la presión.
El coste real: hate, dinero y desgaste
La parte más dura de su relato está en lo que ocurrió alrededor del evento. Marina Rivers denuncia que, tras anunciarse su participación, sufrió una campaña de acoso constante. Asegura que recibía insultos todos los días y que esa ola de rechazo llegó a afectar directamente a su trabajo, hasta el punto de perder una campaña importante y, con ella, una cantidad notable de ingresos.
También sostiene que participar en La Velada le hizo perder mucho dinero. No da la cifra total que cobró, pero sí detalla algunos gastos. Solo en entradas se dejó 7.000 euros, casi la mitad de lo percibido, porque quiso invitar a un grupo de alrededor de 70 personas. A eso sumó la preparación física y tratamientos como sesiones de fisioterapia, que describe como muy caros. Visto así, la foto cambia: desde fuera puede parecer una oportunidad de enorme visibilidad, pero en su caso esa exposición vino acompañada de un coste económico considerable y de un desgaste que no compensó de forma evidente.
Su combate contra Samy Rivers acabó con victoria para la española, pero incluso después del resultado el episodio siguió creciendo. Marina Rivers critica la actitud del organizador al recordar que Ibai Llanos admitió que apoyaba a la mexicana. Además, una de las bromas que se viralizó tras el combate fue la de que “te han robado más que a la Rivers mexicana en mi evento”, una frase que ella recibió con frialdad total. Su respuesta fue directa: si se quiere un formato imparcial, hay que respetar la decisión de los jueces; de lo contrario, plantea, bastaría con que votara el público y ganaran siempre los más famosos.
Lo que deja este testimonio no es solo una revisión de una pelea pasada, sino una advertencia sobre el reverso de estos grandes espectáculos. La Velada puede dar foco, audiencia y conversación, pero también puede convertirse en una experiencia cara, desigual y emocionalmente muy pesada para quien entra sin red de protección suficiente. En el caso de Marina Rivers, la victoria no evitó que el balance personal acabara siendo mucho más amargo de lo que parecía desde fuera.