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Comprar una portátil de Valve ya no consiste solo en elegir formato o pantalla. Ahora también obliga a mirar una factura que ha cambiado mucho en poco tiempo, con una Steam Machine que arranca en 1.039 euros para la versión de 512 GB sin Steam Controller y una Steam Deck OLED que ya se mueve entre 779 y 919 euros tras subir más de 200 euros hace unos meses.
Detrás de esa diferencia no hay un salto visible en la experiencia de uso, sino un cuello de botella mucho menos vistoso. Los centros de datos de inteligencia artificial están absorbiendo chips de memoria y esa presión ya golpea el precio de Steam Machine y de otras consolas.
Valve admite que la memoria ya manda más que el diseño
Pierre-Loup Griffais, ingeniero de Valve, puso el foco en el componente que está marcando el ritmo del hardware.
"Estamos fabricando todo lo que podemos. Pero, claro, vamos limitados por la capacidad de la memoria". - Pierre-Loup Griffais, ingeniero de Valve
La frase importa porque desplaza el debate habitual. Aquí no pesa tanto qué máquina resulta más atractiva sobre el papel, sino qué producto puede llegar a las tiendas sin quedar atrapado por una cadena de suministro cada vez más tensa.
Yazan Aldehayyat, ingeniero de Steam Machine, describe ese deterioro con bastante menos ambigüedad. La crisis de memoria, en sus palabras, está empeorando, un diagnóstico que encaja con el encarecimiento reciente de la Steam Deck OLED y con el precio de entrada de la nueva máquina.
El problema llegó a las tiendas con meses de retraso
No siempre se ve de inmediato en el escaparate. Entre lo que ocurre en la producción y lo que termina pagando el comprador hay una demora que puede desorientar incluso a quien sigue el mercado de cerca.
"Solo por si acaso la gente no está al tanto. Lo que están viendo en las tiendas ahora mismo es, según nuestras observaciones, un reflejo de lo que está sucediendo con el suministro a gran escala, pero con un retraso de al menos tres a seis meses". - Yazan Aldehayyat, ingeniero de Steam Machine
Eso ayuda a entender por qué una subida puede parecer repentina cuando en realidad venía cocinándose desde bastante antes. El consumidor ve el precio final hoy, pero la tensión sobre la memoria empezó a trasladarse a la cadena comercial varios meses atrás.
Entre 779 y 919 euros por una Steam Deck OLED ya era una cifra alta para una máquina que hace no tanto costaba más de 200 euros menos. Frente a eso, la Steam Machine parte de 1.039 euros en su modelo de 512 GB sin mando, una referencia que coloca la conversación menos en el capricho y más en cuánto está dispuesto a pagar cada usuario.
Valve vende una solución, pero el precio complica el argumento
Aldehayyat plantea la Steam Machine como respuesta a una necesidad concreta de los usuarios, no como un simple ejercicio de catálogo. Su defensa del producto gira alrededor de un problema previo que, a su juicio, la máquina puede resolver.
"Creemos que Steam Machine es una buena forma de resolver un problema que tenía la gente". - Yazan Aldehayyat, ingeniero de Steam Machine
La idea tiene lógica si el dispositivo cubre una carencia real, pero el precio introduce una fricción inmediata. Cuando la barrera de entrada supera los 1.000 euros sin incluir el Steam Controller, la promesa práctica compite de frente con el coste.
Tampoco hay una seguridad rotunda en el desenlace. Aldehayyat lo formula en términos de validación más que de certeza, algo que deja ver hasta qué punto el producto también depende de cómo responda el mercado.
"Si esto resulta ser cierto, desde nuestra perspectiva, será un éxito". - Yazan Aldehayyat, ingeniero de Steam Machine
Al final, la tensión no está solo entre Steam Machine y Steam Deck OLED. Está entre dos precios ya muy altos y un mismo problema de memoria que, según Valve y sus ingenieros, sigue apretando mientras el comprador ve en tienda el efecto acumulado de los últimos tres a seis meses.