El 46% de los menores ve fácil burlar la verificación de edad en Reino Unido

Los controles exigidos por la Online Safety Act no frenan de forma consistente el acceso de menores: un 32% admite haberlos eludido y un 49% dice haber visto material tóxico recientemente.

06 de mayo de 2026 a las 16:35h
El 46% de los menores ve fácil burlar la verificación de edad en Reino Unido
El 46% de los menores ve fácil burlar la verificación de edad en Reino Unido

Las medidas de verificación de edad que ya se exigen en Reino Unido no están funcionando tan bien como prometen, y en la práctica muchos menores siguen encontrando formas bastante simples de saltárselas.

El problema no es solo técnico, sino también de uso real. Aunque la Online Safety Act ha obligado a las plataformas a reforzar estos controles durante los últimos meses, los datos muestran que una parte importante de los menores no los percibe como una barrera seria. El 46% cree que son fáciles de superar, frente a un 17% que los considera muy difíciles de esquivar. Otro 19% ni siquiera tiene claro si esos sistemas suponen un obstáculo real.

Eso cambia mucho la lectura de estas herramientas. Sobre el papel, la verificación de edad busca impedir que un niño acceda a contenidos o servicios pensados para adultos. En el uso cotidiano, sin embargo, parece más bien un filtro irregular: a veces frena, pero muchas otras no. Y cuando una medida de seguridad depende de que el usuario no encuentre una solución obvia, su eficacia se resiente muy rápido.

Cómo se están eludiendo estos controles en la práctica

La parte más reveladora es que el 32% de los menores reconoce haber utilizado alguna técnica para saltarse la verificación de edad. No se trata de métodos sofisticados ni de fallos especialmente complejos. Al contrario: varios de los trucos mencionados son tan básicos que dejan en evidencia lo frágiles que pueden ser algunos sistemas.

  • Pintarse un bigote con un lápiz de cejas para aparentar más edad ante la cámara.

  • Mostrar personajes de videojuegos, como los de ‘Death Stranding’, durante la comprobación visual.

  • Enseñar DNIs de otras personas.

  • Introducir fechas de nacimiento falsas.

  • Acceder con cuentas de padres o hermanos.

Visto en situaciones reales, el fallo es claro. Si un menor puede pasar un control simplemente escribiendo una fecha falsa o usando la cuenta de un familiar, la barrera es muy débil. Si además un sistema basado en cámara puede confundirse con maquillaje improvisado o con una imagen mostrada delante del objetivo, el problema ya no es anecdótico. La verificación existe, pero no siempre verifica de verdad.

Esto no significa que todos los sistemas fallen por igual ni que cualquier control sea inútil. Pero sí deja una idea bastante clara: endurecer la norma no garantiza por sí solo un bloqueo efectivo si la implementación resulta fácil de engañar en escenarios cotidianos.

Los padres también forman parte del problema

Otro dato importante es que la evasión de estos controles no depende únicamente de los menores. El estudio refleja que el 26% de los padres ha permitido que sus hijos ignoren o superen estos sistemas. Dentro de ese grupo, el 17% admite haber ayudado activamente, mientras que el 9% reconoce que simplemente mira hacia otro lado.

Eso complica todavía más el panorama. Muchas de estas medidas parten de la idea de que el control técnico puede actuar como última barrera. Pero si en casa se comparten cuentas, se facilita documentación o se tolera el acceso, el sistema pierde buena parte de su sentido. En la práctica, la verificación de edad no solo depende del diseño de la plataforma, sino también del contexto familiar en el que se usa.

El impacto real de estas carencias es evidente cuando se cruza con otro dato del estudio: el 49% de los menores afirma haberse encontrado recientemente con material tóxico en internet. Es decir, incluso con más presión regulatoria y con controles ya desplegados, la exposición a contenidos inapropiados sigue siendo alta.

Lo que dejan estos datos es una conclusión incómoda: la verificación de edad puede servir como freno inicial, pero hoy no basta para proteger por sí sola a los menores. Si un sistema es fácil de esquivar y, además, en muchos casos no hay una supervisión consistente por parte de los adultos, su efecto en el día a día se queda muy por debajo de lo que sugiere la normativa. Reino Unido ha endurecido las reglas, sí, pero la experiencia real demuestra que cerrar el acceso en internet sigue siendo bastante más difícil que activar un control en pantalla.

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