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Morirse ya no borra del todo una vida digital en China. Al menos tres sentencias han fijado una línea bastante clara en los tribunales del país y reconocen que ciertas cuentas y activos en línea pueden pasar a los herederos, incluso cuando las plataformas intentan impedirlo con contratos de licencia.
La clave está en qué entiende la justicia china por propiedad. Los jueces han considerado heredables cuentas de juego, activos digitales, microtransacciones, Bitcoin y perfiles de redes sociales, mientras dejan fuera los historiales de chat y los contenidos personales, que no entran en esa categoría patrimonial.
China ya trató una espada virtual como un bien con valor real
No es una discusión nueva. En 2009, un tribunal chino resolvió que Li Lan, esposa legal del jugador fallecido Lu, debía recibir la Espada Dorada del MMORPG Zhengtu, aunque también reconoció que ella y Yang Yuan, esposa virtual del fallecido, debían poseer cada una el 50% del valor del activo.
Aquella decisión ya retrataba un problema muy actual y mostraba que un objeto virtual podía terminar valorado como parte de una herencia. Para cualquiera que haya gastado dinero en un juego durante años, la idea deja de parecer una rareza en cuanto entra en juego una cifra concreta.
"Los tribunales chinos consideran que las cuentas de juego y las compras de microtransacciones tienen un valor monetario y, por lo tanto, los jugadores tienen derechos sobre esos activos. Los tribunales chinos rechazan la idea de que las cláusulas estándar de intransferibilidad puedan impedir heredar o legar un juego o incluso microtransacciones individuales de la misma naturaleza que los cuchillos de CS GO o las skins en otros juegos, y han dictado esta sentencia en múltiples casos". - Slawrfp, usuario de Reddit
Ese choque entre contratos privados y valor económico reapareció con fuerza en 2024. Un tribunal chino resolvió entonces un caso sobre la propiedad de una cuenta de juego valorada en casi 30.000 dólares y una cuenta de redes sociales pertenecientes a una persona fallecida.
Los jueces tumbaron la barrera de los contratos de licencia
Durante años, muchas plataformas han defendido que una cuenta no se compra del todo y que, por tanto, tampoco puede transmitirse. Los tribunales chinos han rechazado ese argumento y han sentenciado que las cuentas y activos digitales forman parte del patrimonio heredable aunque existan cláusulas de intransferibilidad.
Ahí está el punto que más puede inquietar a la industria del videojuego y a los servicios digitales. Si una microtransacción pagada, una cuenta con objetos acumulados o incluso un perfil social adquieren valor patrimonial, el contrato deja de ser una muralla automática.
"La propiedad virtual tiene los atributos de la propiedad legal porque se puede comerciar con ella, tiene valor e incluso puede generar beneficios, lo que cumple con las definiciones de propiedad de escasez, disposición y valor". - Wang Lianghua, abogado chino
Esa interpretación no se ha quedado en una formulación teórica. Un magistrado chino obligó a una plataforma de videojuegos a transferir todos los derechos heredables de las cuentas a la madre de un usuario fallecido.
No todo entra en la herencia digital cuando la cuenta guarda vida privada
Ahora bien, la puerta no está abierta a todo lo que contiene una cuenta. Las sentencias excluyen de la herencia los historiales de chats y los contenidos personales, una frontera que intenta separar el valor económico de la intimidad del fallecido.
La división deja una tensión difícil de ignorar entre patrimonio transferible y vida privada no heredable. Una cuenta puede tener precio, objetos comprados o incluso capacidad de generar beneficios, pero no todo lo que guarda pasa automáticamente a manos de la familia.
Visto desde el usuario, el cambio toca una costumbre muy extendida en la tecnología de consumo. Mucha gente paga por skins, monedas virtuales, objetos raros o perfiles que acumulan años de actividad como si fueran suyos, y los tribunales chinos empiezan a tratarlos de una forma bastante más cercana a esa percepción.
El caso de 2024 llevó esa lógica a una cuenta de juego tasada en casi 30.000 dólares y a una cuenta de red social de una persona fallecida. Cuando una herencia digital ya se discute con ese precio sobre la mesa, la frontera entre licencia y propiedad deja de sonar académica.